10 de Abril, 2008


Hay gente que se aburre 2ª parte

Publicado en Personal el 10 de Abril, 2008, 22:59 por WhiteQueen
Pues si, la historia sigue, para el que no se acuerde, algún vecino gracioso se dedicaba a quitarnos la etiqueta del buzón, y tras poner una etiqueta adicional, bien pegada además con adhesivo de forrar libros por dentro del buzón junto con la pertinente etiqueta amenazante, las quitó, yo ya puse otra etiqueta ya más a conciencia no se puede, dentro del marquito a presión, eso no hay quien lo saque... pero no se cansa, no, ya van dos veces que me encuentro restos de la cáscara de un plátano, la primera vez un trocito, hace pocos días, una cáscara entera. Un día le pillaremos, estoy segura, que se prepare...  

Paris: a la tercera va la vencida... o no...

Publicado en Personal el 10 de Abril, 2008, 22:37 por WhiteQueen

            Da igual las veces que hemos estado, vuelves y es como si fuera un sitio nuevo. Al llegar a Gare du Nord, zona ya conocida del anterior viaje porque cogimos el hotel muy cerca de allí, nos dirigimos al hotel, diferente pero más cerca aun de la estación. La pena es que nos gustó más el hotel del año pasado. Es que la habitación estaba bien, tenía una bañera enorme y tal y un secador, pero… durante todo el día se oía un rudo cansino y penetrante, era como ruido de motores, de calderas de la calefacción, imagino. Da igual que tuvieras o no las ventanas cerradas, se oía. Y luego lo peor de todo es la cama, dura como una piedra, incomodísima, y eso que en casa la cama es una mierda, pero en comparación con la del hotel, una maravilla. La primera noche no pudimos dormir apenas, por muy cansados que estuviéramos, la incomodidad nos lo impidió. Otra pega es que con la tontería de los líquidos que no te dejan pasar en el aeropuerto, esta vez no pensé en traer champú de casa, y sólo había en el hotel la minipastillita de jabón, cuando ya últimamente en muchos hoteles te dan champú o gel en sobrecitos, que van muy bien. El pelo se me quedó como estropajo y tuve que comprar un champú baratero y dejarlo allí porque no me dejan llevármelo al pasar el control del aeropuerto. En fin, para la próxima vez no me olvidaré mi botecito de champú, tamaño aceptable y apto para viaje.

         Bueno, después de dejar las cosas en el hotel, nos dimos un laaaaargo paseo desde el hotel hasta llegar a las galerías Lafayette, la cúpula es guapísima, y las tiendas no están mal, la mayoría bastante caras, eso si. Es como un Corte Inglés, pero a lo grande y con muchas marcas también del tipo Pinkie o así, pero tampoco nos dio tiempo a ver más porque cerraban. Seguimos paseando y nos paramos en una cafetería a tomar algo, yo pretendía pedir una infusión que no fuera te, pero manzanilla no tenían, a cambio me dio una infusión que ni se que es, pero debe ser lo equivalente allí, estaba muy buena, se llamaba Verveine, y por supuesto el croissant de rigor, buenísimo como siempre. Otro paseito y llegamos al río, para embarcar en el Bateaux Mouche, repetimos pero esta vez de noche, hacia bastante frío por el viento, pero mereció la pena, precioso todo iluminado, decidimos hacer más videos que fotos, da más juego, además, para poder ver las lucecitas de la torre Eiffel haciendo destellos, eso en una foto no se ve, en un video sí. La pega, aunque no lo fue tanto, es el viento, pero aguantamos como campeones en la parte delantera del barquito, viendo todo con el viento congelando nuestras caras. Muchos no fueron tan valientes y se fueron a la zona de atrás, acristalada y protegida. Mereció la pena y tampoco costó tanto después recuperar el calor de nuestras manos, yo precavida siempre con mis guantes, y tomé prestado a ratitos el gorro de mi chico, fe de ello algunas fotos pero no mostraré aquí en el blog porque me da cosa, no me veo con gorro.

         Después de poner los pies en tierra firme, salimos rapidito a cenar en algún lado antes que nos cerraran, encontramos cerca de Gare du Nord un sitio sencillo que preparaban sándwiches, pizzas y kebabs y pa dentro, nos comimos unas pizzas y tan felices.

         A la mañana siguiente, primera decepción, compramos el bono que incluía entrada y transporte al palacio Versalles y cual fue nuestra sorpresa, y la de la taquillera también, que ni lo sabía, que justo ese día, estaba cerrado, por suerte nos devolvió el dinero… Cambio de planes, y nos dirigimos al cementerio de Père Lachaise para ver la parte que no nos dio tiempo a ver la primera vez, pudimos ver la tumba de Oscar Wilde y de Proust, entre otras, pero la de Edith Piaf por mucho que buscamos y buscamos, nada, no la encontramos, mala suerte de nuevo, que se le va a hacer. De todas maneras, el cementerio es una pasada, en su conjunto, y hay tumbas impresionantes de todo tipo, modernas, clásicas, sencillas y cargadas.


 

         Más tarde estuvimos en el barrio de La Defénse, impresionantes edificios, vistas magníficas, subiendo unas escaleras mirando a lo lejos se podía ver el arco del triunfo, por dentro no era un centro comercial, que va, eso no tenía fin, tiendas y tiendas,

Mcdonalds por un tubo, los había repes, era inmenso aquello, no lo vimos entero, ni ganas, agotaba ver tanta tienda, ideal para compradoras compulsivas y

que tengan todo el día para mirarlo entero. En el edificio de enfrente entramos sólo a la Fnac, ya habíamos tenido suficientes tiendas para todo el día. Aun así, me gustó mucho esa zona, me pareció una zona muy moderna, pero sin excentricidades. 

         Estábamos agotados, y después de haber dormido tan poco la noche anterior, volvimos al hotel a darnos una siestecita, una duchita y salimos a cenar, dimos un paseo desde la zona de la Gare du Nord, subiendo por el Boulevard Magenta, girando para atravesar el Boulevard de Rouchechouart, y pasando por la Plaza Pigalle, para seguir por el Boulevard de Cliché. Por el camino, un alto para comprarme un bolsito con la torre bordada y además lleva colgado un llaverito de la torre muy mono, y también me compré (me convenció mi churri) una boina típica de allí, también con la torre bordada, hacía un poco de frío y chispeaba, así que me la puse enseguida. Hicimos varias pausas para sacar unas cuantas fotos al llegar al Moulin Rouge, y siguiendo la calle hasta llegar a la plaza Clichy, encontramos un KFC, que nunca había estado en uno. Tiene gracia, debía ser por el mal acento al  intentar hablar francés, que la chica que nos tomaba el pedido nos empezó a hablar en un perfecto castellano (era sudamericana, por el acento). Nos pusimos las botas y a volver… a hacer el mismo recorrido, pero en sentido contrario,  ya sin paradas, se nos hizo más corto. Esta vez si que caímos muertos, daba igual la incómoda cama.

 

         Ya era el último día, tras haber estado mirando tiendas sin suerte ninguna, por la misma zona del Gare du Nord buscando un sitio distinto para desayunar, me compré unos zapatos tipo bailarinas, bastante más baratos que en Madrid, así que no dudé a pesar de no haber encontrado el tipo de zapato que quería en un principio.

         Me olvidaba comentar que las dos mañanas desayunamos en dos sitios distintos y como siempre, una delicia, yo con mi te, solo o con leche, tostada con mantequilla y mermelada y por supuesto el croissant, mi chico con su correspondiente café con leche, y zumos de naranja, el mío se lo di a él, porque no me gusta, así él tenía ración doble de zumo.

         Después del último y delicioso desayuno en Paris, fuimos hasta la plaza de la República, en metro hasta Madeleine, bajamos por la calle Royale para comprar una cajita de macarrons (lo más bueno que he probado nunca) y para quedarnos embobados mirando las vitrinas con esos pasteles de cine, que son para ver y no tocar, tan perfectos pero a la vez te dan ganas de comértelos todos. El último paseito hasta el pequeño y gran palacio, queríamos ver una exposición de Maria Antonieta, pero había tantísima gente para entrar, que ni lo intentamos, no nos daría tiempo. Nos quedamos un ratito en un banco de un parque relajados y seguimos el paseo hasta los campos Elyseos, para entrar en la tienda Virgin, flipando de todo lo que hay alli, seguimos hasta el arco del Triunfo para coger el metro, recoger la maleta del hotel y… au revoire Paris. O hasta pronto…