5 de Marzo, 2007


Visita a Mérida

Publicado en Personal el 5 de Marzo, 2007, 21:33 por WhiteQueen

Tras mucha insistencia de la madre de mi novio “a ver cuando venís a vernos”, decidimos pasar un fin de semana en Mérida, saliendo el sábado por la mañana y volviendo el domingo por la tarde. Mereció la pena, Mérida es una ciudad que tiene mucho por ver, y mucha tranquilidad…

Lo primero que vimos al llegar fue el puente romano (foto 1), ya que los padres de mi novio viven delante del río Guadiana, y se podía ver desde su casa (y menuda casa). Después, con una entrada única, que sirve para ver todos los monumentos y vale para todos los días hasta que  lo ves todo, empezamos entrando en la Alcazaba, y desde allí se veía también el puente romano, nos paramos un ratito después de pasar por la plaza del Ayuntamiento por un museo de Arte Visigodo antes de llegar a la zona donde está el Teatro Romano y el Anfiteatro, vimos el Arco de Trajano, es increíble como se podía construir esos arcos y que aun se sujeten sin cemento ni nada, sólo con las piedras encajadas. Fue llegar al Teatro Romano (foto 2) y al Anfiteatro (están pegados) y no paré de hacer fotos, mirara por donde miraba, era una pasada. Como cerraban los monumentos a las 18:15, ya no pudimos entrar en más sitios, intentamos entrar en la Casa Romana del Anfiteatro pero ya era la hora y no pasamos la puerta. De todas maneras a la vuelta pasamos por delante de la plaza de toros de San Albín, muy cerca de la Casa del Mitreo que lo dejamos para la mañana siguiente.

Otra cosa sorprendente de allí son los precios, nos parábamos cada 2x3 en inmobiliarias mirando los carteles y flipando los precios de las peazo casas, entre 12 y 20 millones de pesetas podías tener una buena casa con varias habitaciones, varios baños, todo amueblado y garaje y trastero y terraza y patio y… (según zonas, y según equipamiento, pero para hacerse una idea más o menos por ahí iban los precios).

Por la noche fuimos a cenar a un restaurante de la zona, a base de raciones, si se puede llamar raciones… porque eran enormes, una ensalada mixta, calamares y un revuelto de gambas, champiñones y jamón con las respectivas bebidas. Yo me pedí aparte porque me quedé con un poquito de hambre, de haber estado andando toda la tarde, un montado de lomo. Eso en vez de un montado parecía… yo que se. Me quedé llenísima. Y llega la cuenta y éramos 4 personas (los padres de mi novio y nosotros dos) y costó lo que en Madrid cenan sólo 2 personas, a cuadros nos quedamos. Al final la invitación no compensó todo lo que nos regalaron, las entradas a los monumentos, tres chorizos, dos quesos, una tarrina de cachuela que es típico de allí (similar al paté pero que además lleva mucha grasa por encima), dos cajas de galletas típicas de allí que están de muerte… hasta una bolsa de chucherías que se me antojó, no hubo manera que nos dejara pagar nada, la madre de mi novio nos acompañó a todos los sitios y pagó absolutamente todo, y porque le insistimos, fuimos a cenar pagando nosotros, que si no… pero si por ella hubiera sido, todo gratis.

Ya el domingo, fuimos a la Casa del Mitreo, impresionante como se conserva y te podías imaginar que era cada habitación y por donde se entraba a la casa y todo, hay que verlo para creerlo. Unos metros más adelante dentro del mismo recinto de la Casa del Mitreo había un cementerio, lleno de tumbas de distintos siglos, diferentes entre sí, muchas lápidas curiosas, algunas inscripciones no se veían completas, pero otras se podía casi leer todo. Después fuimos al Museo Nacional de Arte Romano (foto 3), y prácticamente estuvimos toda la mañana, ahí ya si que no paré de hacer fotos, había muchísimas esculturas, mosaicos impresionantes, utensilios de cerámica, monedas, joyas, pinturas… y luego una cripta. No lo pudimos ver tan tan detenidamente como quisiéramos, porque si no, ya no daba tiempo a ver más cosas. Después pasamos por delante del Templo de Diana (foto 4), junto (más bien pegado o dentro) un palacio renacentista. Y ya para terminar paseamos junto al río hasta llegar a casa de sus padres (parando primero a hacer “la compra”). Comimos y nos acompañó a la estación de buses. El tiempo pasó volando durante la estancia. La distancia de Mérida a Madrid es de 338 km. más o menos. Pero el tiempo de estar en el bus no pasó tan volando, sobretodo la vuelta, que tuvimos la mala suerte de encontrarnos cuando quedaban 101 km. para llegar a Madrid un atasco para desesperarse. No acababa nunca, al final el atasco acabó cuando llegamos a la estación, así que nos tragamos 100 Km. de retenciones, y llegamos 1 hora y  media más tarde de lo previsto a la estación. Es lo que tiene Madrid, que le vamos a hacer. Eso y contando con las anécdotas en el bus, a la ida pusieron una película del año de la polca, pero no se oía, nos importó poco porque para lo que había que oír… y para colmo a la vuelta, ponían una película pasable, pero iba a saltos, hasta que el último salto ya dijo, pues aquí me quedo, y ya no siguió. Vamos, que un éxito total. Bonitos paisajes, tanto a la ida como a la vuelta se hacía una parada en Trujillo, un pueblecito con un castillo que se ve al llegar, lo justo para tomarte un bollo y un café o un refresco (con vales incluidos en el billete) y tira millas.

Pensaba que no había mucho por ver, pero al final ni dio tiempo a ver todo, prácticamente la ciudad entera tiene bajo su suelo ruinas romanas o visigodas, según me comentaron cada vez que hacen una obra tienen que pararla porque siempre encuentran restos de alguna casa de hace siglos, de alguna muralla, de alguna tumba, esculturas, utensilios, restos de columnas, lo que sea. Y allí lo respetan, tanto que si tienen que construir, lo construyen encima pero conservando en el mismo sitio lo que encontraron. Así puedes ver tiendas que debajo tienen restos de alguna habitación de alguna casa antigua, un Ministerio elevado justo encima de otra casa, y así por todos los sitios que vieras.

Ha sido una buena experiencia, me ha gustado muchísimo, es una ciudad muy bonita. Habrá que repetir para acabar de ver todo algún día…